martes, 4 de abril de 2017

Ser o no ser...

Manolo ha ido ganando un lugar en la calles de Cádiz y en su teatro de La Tía Norica.
La diversidad y riqueza de sus ‘tipos’, realmente trabajados hasta el mínimo detalle y con un resultado absolutamente impresionante, así como la imaginación en su relato y las cuartetas bien escritas. Este año se llevó el primer premio de Cartelón, un elemento del Romancero que Cádiz quiere atesorar y con mucha razón. Es un elemento esencial en el Romancero desde su origen en la Edad Media, y es uno de los elementos que vamos a identificar, inmediatamente, como elemento común con el Carnaval de Basilea (sobre ello volveremos con otro artículo).


Interesante su aparición de superhéroe de cómic deseando arreglar los desaguisados de unas estructuras políticas y económicas muy gravosas para la sociedad. A tener en cuenta que Cadiwoman también salieron este año de superheroínas de cómic, igualmente deseando recomponer, en su caso, los daños del patriarcado machista.

Es su tema, además de una ácida crítica política, el teconólogico. Y su fiel práctica, la de su habla gaditana:

“No hay herida ni golpe
que a mi cuerpo perjudique,
menos la patá en los webos
y trompesá en el meñique.!


Encuentro muy imaginativo su humor, que logra muchas veces una empatía inmediata:

“Entre otros poderes cuento
con mi fuerza sobrehumana,
que no sé dónde se mete
a las siete de la mañana.”


El humor negro no se le escapa, tampoco, pero un humor negro ajeno a la actualidad política negra, un clásico de humor negro:

“Debe ser porque mi vista
se ha ido viniendo abajo,
y es verdá que veo menos,
ya, que un muerto bocabajo.”


Las veleidades de la política también quedan pronunciadas:

“Su poder es que se cambia
der tirón a lo que quiera.
El gen que se le ha mutado
es como el de Albert Rivera.”


En su Olimpo del cómic, Manolo Sánchez encuentra en Magneto un modo de frenar (“¡quieto!”) un chiste, viejo y manido, pero que sabe que causará la risa:

¿Magneto?
Si te agacha te la… ¡quieto!
Es mejón no provocahlo…


Su representación es muy dinámica, teatralmente; introduce ‘morcillas’ con mucha soltura, cambia sus registros de voz:

“Tiene la Bruja Escarlata
poderes para hechizar
y hasta te crees que la Teo
debería regresar.”
(Morcilla: “por suerte te puedes despertar”.)


“Emma Frost se vino a Cadi
jarta de hielo y escarcha,
y yastá hasta el jigo de humedá
y de que en Cadi no hay marcha.”

Esta última cuarteta es realmente complicada, en mi opinión. La Frost, que es un persona de cómic americano, se apellida escarcha. Humedá es la metáfora con la que hay gente en Cadi que expresa un frío que no quiere admitir que exista. Al mismo tiempo, se produce un juego de palabras entre el jigo (la vulva) y la humedá, que en su comprensión inmediata es la propia, y no la metafórica, la que se comprende. Además, la Frost es un personaje muy festero, y Manolo Sánchez, seguramente, quiere hacerse eco de que Cádiz es una ciudad que pierde fuelle festero durante el resto del calendario.


Un punto interesante, de buen Romancero, es cómo integra todo lo que ocurre en el escenario en su cuento, y cómo lo ha previsto. Al girar el cartelón es costumbre, en Cádiz, decir “cabrón”, y:

“Eaaaaa! Ya habéis activao
la alarma de la patrulla.
Habéi llamao a mi jefe
de la forma más capulla.”


Y casi un momento casi Peter Brook (minuto 7:34 del vídeo):

“Que entre ustedes hay mutantes…
es una cosa evidente.
Porque si no, no se explica
quien está de presidente…”



Un repertorio con muchos momentos muy buenos, hasta geniales, pero un repertorio recibido como desigual, quizá porque la descripción del Olimpo de los cómics resulte más difícil de digerir (y muy valiente, por parte de su autor), o por una gran diversidad de escenas diferentes. En cualquier caso, creo que estamos ante un romancero joven y muy prometedor. Su primer premio de Cartelón es un aviso.

©Pablo Martínez-Calleja, 2017




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