lunes, 6 de febrero de 2017

El momento “Peter (Brook) Pan”, o las dos letras mejores (“Mi suegra, como ya dije...“ (II))

Uno de los momentos más emocionantes de la noche del Falla fue cuando “cuyo hijo finalmente supera, …la tortilla…, el suyo de Peter Pan.”. Fue el momento que José Landi Grajera describe con el “Oh” del público, y que Ana López Segovia recuerda como “un momento digno de Peter Brook”.

Fue un momento de conmoción, el momento en que el propio hijo le anuncia a su madre que le gusta la tortilla de su mujer, la nuera. El momento en que el personaje rompe su cordón umbilical, se hace mayor y se abraza a su esposa.

El momento fue evidente. Y, ¿cuál fue su significado? Porque tengo la impresión de que sería bueno tratar de conversar sobre ello, en un momento en que se discute con vehemencia sobre el machismo en los textos y las composturas. Una vehemencia renovada tras la actuación de otra Chirigota (“Yo esto no me lo explico”), ante la que algunos piden que haya telonazo, que se debería poder hacer algo normativo contra ella, y la concejala de Cultura del Ayuntamiento abandona, indignada, el Falla (cosa que anuncia en su propia cuenta de FB). La verdad, hay cosas que a mí me resuenan a “autoridad gubernativa”.

Una vez más, sobre todas las anteriores, quiero decir que lo normativo, la prohibición, no es el camino. La libertad está para usarla, y para que la use todo el mundo. El camino es la formación, la cultura, y el ejemplo del Carnaval callejero de Cádiz, donde me paro: no me gusta, me voy; me gusta, me quedo.
Naturalmente que la crítica está siempre permitida, por la misma razón que libertad de expresión. Yo también me hubiera levantado y me hubiera largado, después de pensar si podía abuchear o no.

El momento “Oh” de la noche del Selu nos muestra varias cosas, diría yo. En primer lugar nos muestra que hay un público atento, y que vibra con lo que ve y escucha. En segundo lugar que todo público escucha y mira con sus prevenciones morales; que todo lo que vemos y escuchamos nos gusta o no según hayamos aprendido qué es bueno o malo.

¿Qué significaba, entonces, el “Oh” de aquella noche del Falla? ¿Significaba el asombro del público ante un hijo (¿un mal hijo?) que prefiere la tortilla de su mujer a la de su propia madre? ¿O fue un “Oh” de fascinación ante un hijo que, por fin, se emancipa, rompe definitivamente su cordón umbilical, se hace adulto y se abraza como hombre a su mujer?


©Pablo Martínez-Calleja, 2017

sábado, 4 de febrero de 2017

"Mi suegra, como ya dije..." (I)

En esta fase preliminar del COAC 2017 ya hemos tenido la oportunidad de escuchar machismos de diferente pelaje, aunque insisto, una vez más, en que el machismo no acabará con la “corrección política” o con la prohibición, sino con la ilustración de las gentes; con la emancipación intelectual de la sociedad.

Y de pronto llega la Chirigota del Selu con “Mi suegra, como ya dije…”, y el Mundo se para, mucha gente se queda descolocada. Much@s esperan a ver qué dicen otros antes de hablar, o qué dicen los que son “referencia”. Pocos se atreven a decir que les ha gustado, algunos más confiesan que no, incluso porque es machista. Sí, los de las gradas del silencio siempre me han preocupado los que más.

A su presunto machismo se une, además, un forillo ‘entregado a la publicidad’. Creo que debemos cambiar nuestro modo de pensar y tratar de alcanzar a ver las estructuras que producen los hechos y cambiar las estructuras en lugar de fajarnos en la lucha contra el que, en ‘nuestra opinión’, ha pasado de la raya. ¿Quién puso la raya?, ¿dónde? Póngase, entonces, una raya acordada por tod@s.

El Carnaval es provocación,  y como cualquier arte escénica, teatral, puede buscar también la crítica y la catarsis, y no solo el consumo para la diversión. Algo que en realidad ocurre poco, porque todas las formas estéticas contienen o conducen a posiciones éticas, ideológicas.

Otra prevención es que la literatura, en especial el teatro, el cabaré-Carnaval, es un gran juego de elementos superpuestos, de contexto, texto, etc. Si comprendemos de modo literal, lineal, lo que vemos en un escenario (sea el Falla o la escalera de Correos) no podremos comprenderlo en su totalidad, en su completitud. Lo disfrutaremos menos y lo comprenderemos mal.

Lo que decía, llega el Selu, saca a la suegra y… la mitad ojipláticos; la otra mitad expectantes; solo una fracción de cada mitad se expresan.

Mi suegra, como ya dije…” sale del tango “Aquellos duros antiguos”, cuya letra hoy , ante nuestros ojos, solo podría repugnar, y que es prácticamente el himno del Carnaval de Cádiz. Un tango que ha sido ya varias veces “recreado” por el mismo Selu, cantado en desorden y del revés.

Empecemos por el tipo, una caracterización que nos recuerda a la Sardá y a su Honorato (Gurrutxaga); que a mi me recuerda a Horst Schlämmer (Hope Kerkeling).
Un uniforme militar, de teniente (y no de sargento, que hubiera sido la salida fácil consecuencia del prejuicio vox populi: ‘la suegra como sargento de semana’). Las suegras llegan marchando militarmente, cuyo desarrollo derivará en queja ante el desorden y disciplina; una suegra prejuicio llena de prejuicios. Un perrito al brazo y las balas para el fusil de asalto bien visibles.

El tango de los duros antiguos, cantado contra la suegra, se vuelve contra la nuera, simbólicamente, para criticarla. Una nuera que va poco a poco existiendo gracias al relato, lo mismo que su propio hijo. Quien no existe es su ‘marío’, de ninguna manera, y mira que el Selu podría haberlo ‘matado’. Pues no, inexistente. Ni una mención.

Esta suegra no es una suegra, sino una figura concreta, personal, única, humanizada gracias a todas sus debilidades y fortalezas. Una suegra que aprovecha para presentar ante la sociedad su actitud, la de la sociedad, ridícula porque banaliza el conocimiento, en este caso el de su nuera (un tema recurrente en García Cossío). Dos carreras y tres idiomas que no son bastante para ella. Todo esto son adornos innecesarios para el florero. Es el varón quien tiene que salir a trabajar, incluso menos capaz o incapaz, ‘enchufao’ de la Junta, y esto tras años de mendigar el enchufe.
Una situación que me recuerda a la escrita por José Luis Sampedro en su “La sonrisa etrusca”, y que como en el caso de García Cossío, muestra el conflicto intergeneracional fuerte, entre la sociedad antigua y la moderna urbana y tecnológica. La defensa del orden antiguo y machista representada, esta vez, por una mujer también antigua.
Una crítica, un grito para que despertemos ante el hecho de que la sociedad sigue afectada por el ‘orden militar’.

Una suegra, y no “la suegra”, que desarrolla una relación humana de amor y odio con su nuera, de pura competencia por su propio hijo, un complejo reprimido de Agripina mezclado con el de Wendy, quizá, cuyo hijo finalmente supera, …la tortilla…, el suyo de Peter Pan.
Una suegra que entiende su conflicto con su nuera como algo personal, y que nadie se la toque que para criticarla está solo ella misma. Una suegra concreta, producto de la cultura que la tiene encerrada, que sufre por su propia identidad que se desdibuja.

Una deconstrucción de ese cliché, una reconducción desde el cliché, apenas pergeñado, hacia una sátira de las relaciones matrimoniales y del matrimonio mismo en su compleja amplitud; de las dificultades del matrimonio porque su realidad compleja incluye a más miembros y no solo a la pareja. El modelo de educación de los hijos, permanente conflicto familiar. Y el rol de varón discretamente presentado, porque de su hijo no va a decir que es un ‘calzonazos’. Y eso, no lo dice. García Cossío no acude a lo fácil, da alimento a las memorias y mentes del público. Permanentemente nos sitúa ante el espejo.


Entendedor de las cosas del Mundo, García Cossío diseña su personaje guiado por su propia resignación, empático y comprensivo: su hijo tuvo una fase de desorientación identitaria sexual. Pero esta suegra no sufre el complejo de Münchhausen, solo se aferra a su hijo para no desaparecer, para lo cual acepta sus revistas guarrillas y su variable identidad sexual. Una suegra en la realidad, a pesar de su lucha con el mundo al que le toca pertenecer.

Una suegra, la de García Cossío, transfigurada espejo para que nos miremos, si podemos. Una mujer real, que fue socializada en un mundo sin preguntas, pero ella se ha hecho un par de ellas, aunque el canon del pensar la tenga (como a tanta y tanta gente) atrapada en su mandato de cómo debemos pensar. Una figura humana; una figura contradictoria. Una figura tratada con enorme cariño. Una mujer de la barriada. Un verso suelto, que a mi me parece otra obra maestra.


@Pablo Martínez-Calleja, 2017

http://www.carnavaldecadiztv.com/2017/02/chirigota-mi-suegra-como-ya-dije.html

jueves, 26 de enero de 2017

Cuándo debe comenzar el Carnaval

Hasta ahora todos creemos que el Carnaval comienza siempre en la misma fecha, lo que sin embargo no es exacto; y menos exacto aún que termine el Miércoles de Ceniza.

No hay fecha para el comienzo del Carnaval, en realidad, excepto en referencia a la fecha de la Pascua de Resurrección de Jesucristo. Hay fecha para que cualesquiera ‘actividades mundanas impuras’ cesen por la llegada de la Cuaresma.

Fechas de la Semana Santa y Navidad. Es en el Concilio de Nicea, 325 d.C., cuando se fija que la Pascua de Resurrección se celebrará el primer domingo después del primer plenilunio de primavera, que comienza el 21 de marzo aproximadamente. La razón del uso del calendario lunar tiene su origen en que la crucifixión de Cristo se produjo el día del Pessach judío, y este día se calcula por el calendario lunar.

Teniendo la fecha del Domingo de Pascua debemos retroceder hasta alcanzar el principio de la Cuaresma, el Miércoles de Ceniza, a partir del cual rige, en el ámbito cristiano, la regla del ayuno y la abstinencia. Según estas reglas, el Carnaval recibe su límite final para la Iglesia.

Pero el Carnaval tiene también un límite temporal inicial, después del 6 de enero (para las gentes; o el domingo siguiente, el bautismo de Jesús), día de la Epifanía, a pesar de los conatos de Carnaval que puedan observarse en la Noche de San Silvestre o en el Cotillón de la víspera de los Reyes Magos de Oriente. Es curioso que en la República de Alemania las gentes no consideran Navidad ni Navidades más allá del 26 de diciembre, día de San Esteban y fiesta oficial nacional.

Fecha de Carnaval. Es fácil colegir que el Carnaval es una festividad no incorporada a la tradición cristiana, en principio, sino soportada y tolerada solo durante el “tiempo ordinario”. Y que hay un Carnaval más domesticado capaz de entrar en la iglesias, como en Münster, por ejemplo, donde en Domingo de Carnaval acuden los carnavalistas a misa con sus uniformes y estandartes e incluso ayudan a misa.

Así como se puede observar con exactitud el establecimiento por Guillermo III del Totensonntag (Domingo de Muertos) en Prusia, el domingo último antes del primer domingo de Adviento, para no contaminar con la muerte el tiempo de preparación para el nacimiento de Jesús, podemos ver con igual precisión que el Carnaval no debe contaminar la Cuaresma y debe finalizar, como ocurre en la tradición, antes de la misa del Miércoles de Ceniza.

Pero esto no es todo. El Carnaval no es simplemente soportado o tolerado por la Iglesia, sea la de Roma o la luterana (geografía de la que desapareció el Carnaval). También en Baviera, católica, desapareció el Carnaval como lo hizo en la España nacionalcatólica del general Franco. Cádiz fue una excepción, al mismo tiempo que una excepción muy particular. Como Tenerife fue otra excepción corriendo el tiempo junto al turismo de masas a partir de los 50.

El Carnaval se ha mantenido bien por asimilación de la Iglesia de Roma o porque a Roma no se ha presentado otra opción que aceptarlo, donde ha sido necesario, y tratar de domesticarlo. Hablamos de un Carnaval que se lanza a la vida desde el mismo día de los Reyes Magos en el sur de Alemania, con sus primeros actos para desempolvar el Carnaval (antiguo) y del que insiste en penetrar la Cuaresma contra la norma cristiana católica (segunda semana de Carnaval y Carnaval chiquito en Cádiz) o que directamente se celebra contra el criterio cristiano el primer lunes, y hasta el miércoles, después del Miércoles de Ceniza (Basilea).

Sí hay otras Fiestas de Invierno (Carnaval antiguo) que se celebran durante el invierno recién inaugurado tras el “tiempo de Navidad”, como Jarramplas, en Piornal, Cáceres, que a la manera de Münster (Alemania), pero dando un paso mucho más allá, su figura central vive en su paganismo (fuera de la iglesia del pueblo) y es ‘atrapado’, domesticado,  por el orden religioso contrario a las ‘supersticiones’ en el interior de ella.
Pude entrevistar a unas mujeres en la iglesia de Piornal momentos antes de la celebración de la misa, una vez comenzada la procesión en la que San Sebastián avanza y Jarramplas camina hacia atrás sin perder la mirada dirigida al santo.
Las mujeres me explicaron que los nabos que recibe Jarramplas como castigo son el recuerdo del martirio a San Sebastián (fue con flechas). Una suerte de transfiguración de una figura en la otra, de normalización de todo lo que la vida presente dentro del molde de lo religioso cristiano.

También a mediados de enero, en Lauenburg, aparece por las calles una figura llamada “Die lustige Person (La persona divertida)”, en este caso con una estética propia del XIX. Una figura amable con niños y grandes, que reparte dulces y otros objetos, pero que lleva una palmeta en la mano por si fuera necesario aplicar la disciplina. Una figura sola que en algún punto recuerda la soledad de Jarramplas y sus cachiporras, lo mismo que el origen enigmático de las dos fiestas.

Hay más, por San Sebastian, recién llegado el invierno (apenas a un mes, de tres que dura, y con el tiempo de Navidad por medio, que es la mitad), aparecen una figuras totalmente asimiladas por la liturgia religiosa: Las Carantoñas de San Sebastián. Unas figuras que recuerdan las Fiestas de Invierno centroeuropeas, en especial de los “alemannen”, pero que quedan convertidas en las fieras que adoran y veneran a San Sebastián en lugar de devorarlo. Su papel es puramente estático y subalterno de la liturgia.


El Carnaval sigue en la pinza del tiempo del calendario litúrgico, entre el tiempo de Navidad y el tiempo de Cuaresma. El silvestre y el turístico más amaestrado; el antiguo y el ya transformado en cabaré. Siguen en la antigua disputa contra el deseo regulador de las Iglesias, que desean mantenerlo en su “tiempo ordinario”, regulado dentro de su calendario, un calendario de celebraciones que resalta cuándo es moralmente correcto el qué.

No sé, desde estas premisas, dónde está la esencia del Carnaval, en especial en Cádiz, donde se discute sobre su fecha. No sé qué es mejor para el Carnaval y su espíritu. Esto sí se debe decidir desde la emoción y el deseo de quienes lo hacen.


©Pablo Martínez-Calleja, 2017

jueves, 3 de noviembre de 2016

Exposición "mi Carnaval de Cádiz"

"mi Carnaval de Cádiz" en el Kulturforum de Gut Wienenbüttel - Lüneburg. 18.11 a las (1)8:11 (pm)

La exposición „mi Carnaval de Cádiz“ es un foto reportaje sobre el extraordinario y muy especial Carnaval en Cádiz, cuyo origen se remonta hasta el siglo XVI.
El Carnaval en Europa es un bien cultural y no solo una referencia de signo religioso.  No importa si se llama Fasnacht, Schoduvel, Fasnet o Faslann: Carnaval es, en la actualidad, un cabaret político con la sátira como principal instrumento.  Si el Carnaval comenzó, en sus orígenes, como un medio para espantar a malos espíritus y diablos, hoy se ha transformado en látigo contra los excesos de los poderosos y de la iglesia.
Lengua y dialecto son elemento esencial de su identidad, junto a la magia y al sueño, gracias al tipo o disfraz, de ser alguien otro durante tres días.


Die Ausstellung "mein Carnaval de Cádiz" ist eine Fotodokumentation über den außergewöhnlichen und ganz besonderen Karneval in Cádiz, dessen Ursprung weit bis ins 16. Jahrhundert zurückreicht.

Es zeigt den Karneval in Europa als Kulturgut und nicht nur als religiöse Referenz. Ob Fasnacht, Schoduvel, Fasnet oder Faslann - Karneval ist mittlerweile politisches Kabarett mit den sprachlichen Mitteln der Satire, denn was einst als Vertreibung der bösen Geister und des Teufels begann, richtet sich heute gegen die Exzesse der Mächtigen und der Obrigkeit. Sprache und Dialekt wird zur Identität mit der Magie und dem Traum -dank der Kostüme, drei Tage jemand anderes sein zu können.

©Pablo Martinez-Calleja, 2016

viernes, 7 de octubre de 2016

Varias consideraciones provocadoras sobre el Carnaval de Cádiz

Consideración previa

Estoy convencido que para cualquier observación y documentación de un hecho cultural es necesario que pase, al menos, dos veces el mismo ciclo de lo observado. En la primera se constata el hecho y se vive con interés; en la segunda se empieza a comprender el hecho.

Creo que es fundamental no solo el intento de alejamiento del objeto estudiado sino, y sobre todo, con Mintz y los que alabaron su trabajo: acercarse con interés empático y tratar de vivirlo en su realidad interior.


Carnaval y tradición

El Carnaval es, en sí mismo, una lucha contra la norma, contra la tradición, a favor de la libertad libérrima de actuar. Sí, claro, el Carnaval como hecho cultural, como producto cultural y como vivencia, queda sujeto, es manejable y comprensible desde su fijación material en una forma, concreta, que permita su reproducción año tras año.
Sin embargo, el Carnaval no puede desoír su identidad de ariete contra la norma, también contra la norma del Carnaval que lo pueda encorsetar y destruir.

El Carnaval de Cádiz vive en la necesidad de la novedad anual, y en el hecho contextual histórico. No hay un Carnaval de Cádiz si no se comprende su biografía: sus diferentes etapas y sus reformas estéticas u organizativas.
No hay Carnaval de Cádiz sin el antes y el después del Carnaval Chiquito, por ejemplo; ni un Carnaval oficial sin su Carnaval ilegal. Otra cosa son los gritos desesperados para salvar la tradición, ante lo que cabe preguntarse ¿cuál es la tradición que se desea salvar?, ¿la del XVIII?, ¿la del XIX?, ¿la republicana de los 30?, ¿la de las Fiestas Típicas Gaditanas? ¿La anterior a Paco Leal, Paco Rosado y todos los demás o la posterior?

El público es muy sabio (afirmación que generalizadora resulta más que atrevida temeraria) en las calles de Cádiz y hay que dejarle que siga siendo soberano, que siga siendo tan independiente que cuando se acerque a una chirigota y no le guste, se dé la media vuelta y se largue. Hay un público que gusta del Carnaval y que se arremolina entorno a la “Agrupación Callejera” que tan pronto saca una “Te la tengo sentenciá” como un carnaval tinerfeño, y aporta una modernidad al Carnaval de Cádiz perfectamente comprensible a la vez que fresco, renovador y sostenible que sería muy difícil rechazar como un Carnaval ajeno o extraño a la ‘tradición’. No hay más que observar los cientos de personas que se agolpan alrededor de esta agrupación de cuatro personas para contemplar el más sólido de los ataques contra la tradición y a favor del Carnaval.


Modalidades literarias y musicales

Una de las más grandes cosas que aporta el Carnaval de Cádiz a la cultura universal, y no solo a la cultural hispánica universal, es su palabra. Pero este hecho, denominador común de Cádiz, no debería impedir la observación de la enorme diversidad del Carnaval de Cádiz en su propio interior. Por muy diferentes razones, pero sobre todo por el hecho aglutinante, y un tanto simplificador, del Concurso (COAC), parecería que el Carnaval de Cádiz fuera un solo Carnaval, donde sin embargo podemos identificar varios carnavales desde su expresión literaria y musical: coros, comparsas, chirigotas, cuartetos (COAC); romanceros; chirigotas ilegales (enorme pléyade de hechos singulares y otros normalizadores tendentes a una expresión de cultura unívoca); cabalgata y otros actos centrales.

Sí, la lista se hace inmensamente larga en contradicción con la aparente simpleza. Es normal, las realidades complejas, por serlo, nos conducen a dejarlas comprendidas en un cliché para poder manejarlas. Hagamos, pues, el intento de regresar a la complejidad que propongo.

. El COAC. No es difícil comprender que hay una simplificación empobrecedora, si se me permite, desde el punto de partida, su organización: un único jurado para cuatro elementos literarios y musicales tan distintos e incluso dispares. Pero son cuatro manifestaciones escénicas, musicales y literarias absolutamente diferentes.

¿Cómo es posible que un mismo jurado esté en condiciones de valorar lo mismo un cuarteto que una comparsa? ¿Una chirigota que un coro?
¿Pondríamos al mismo jurado para un concurso de cuentos cortos, de novela o de poesía?

Romanceros. Su ‘expulsión’ del COAC denota la inseguridad de no saber qué hacer con LA JOYA DE LA CORONA. Su localización en un teatro diferente, sin embargo, le aporta marginalidad como consecuencia. Resulta imposible, como investigador en la Red, alcanzar ningún conocimiento sobre su reglamento, la elección de su jurado y otros detalles.
La marginalidad que los romanceros sufren nada tiene que ver con su calidad y su importancia cultural fundamental. No es solo que sean descendientes modernizados y adaptados de los romanceros de ciego y la literatura de cuerda. Los romanceros nos unen a Europa a través de las baladas de origen medieval, nos devuelven a la tradición del juglar y nos permiten pisar tierra firme literaria en una fiesta aparentemente bastarda.


Diversidad de acontecimientos

El Gran Teatro Falla con su COAC, con su doble modalidad (adultos, niños y jóvenes), tiene el carácter centralizador, unificador y simplificador, que para mucha gente pudiera ser la referencia válida del Carnaval. El teatro de títeres de la Tía Norica, donde se celebra el Concurso Oficial de Romanceros, que prácticamente se llena y que está deviniendo, de modo creciente, en elemento de ‘culto’ dentro del Carnaval gaditano. El Casino Gaditano, El Faro o el Café Royalty, semejantes a las Karnevalssitzungen de más caché en Colonia, Maguncia o Düsselforf. Cafés como La Habana o Cambalache, que simplemente acogen agrupaciones callejeras para sus ensayos generales o ya comenzado el Carnaval, y donde ni siquiera la consumición resulta una exigencia. Locales de ensayo y peñas que tienen gran similitud con los Keller de Basilea. El Pay Pay.

Se suman, a esta larga lista, los actos centrales del Carnaval y los escenarios o tablaos donde actúan diversas agrupaciones, lo mismo en la calle de La Palma que en la Plaza de la Candelaria, entre otros lugares.

Las calles de la ciudad: el Carnaval ilegal, producido por las agrupaciones callejeras, un Carnaval de una riqueza ilimitada, laboratorio continuo de experimentación, provocación y Carnaval. Cádiz florece en su Carnaval con el abono de la cultura teatral europea, como puede verse, por ejemplo, con la Agrupación Callejera, Las niñas o Las presas ibéricas. El feminismo más inteligente, de la mano de agrupaciones de mujeres como Cadiwoman; chirigotas ocasionales que es siempre un gusto volver a vivirlas en las calles :“Las Amantis religiosas”, en 2014, o “Los tumiba’llamá’paná”, en 2015, etc.
La Shirigota Rockera de Cadi, un producto “anti cultura” imprescindible; elemento definitivamente fundamental para seguir hablando de la existencia de un Carnaval en sentido moderno dentro del Carnaval en su completud.
Añadamos a este inmenso panorama las agrupaciones que surgen y salen de modo espontáneo, como siempre fue la ‘tradición’ en Cádiz.

Este Carnaval ilegal es sobre todo un ‘politisches Kabarett’, un ‘Speaker’s Corner’ sin límite de ninguna clase, un teatro entre el dadaísmo y el absurdo de Ionesco, Mihura o Fo, cargado de gaditanismo, incluso de rancios machismos y fobias.

Súmese el Carnaval chiquito, surgido en 1987 de la mano de Paco Leal, Paco Rosado y varios otros, prolongación del Carnaval, desde su ya prolongada celebración, paráfrasis del Corpus con su Corpus chiquito, al que se añade el Carnaval de verano, que regresó a Cádiz tras su exilio.


Hecho cultural e industria cultural

Todo hecho cultural es un hecho económico, de esta premisa parto para mis consideraciones siguientes.

Cádiz, gracias a su potencial cultural, tiene un enorme potencial económico también, y es urgente materializarlo. Su 30% de desempleo exige a toda su sociedad y a sus autoridades emplear la imaginación para que una futura verdadera industria cultural pueda ser riqueza sostenible en todos los sentidos. Empezando por la higiene pública donde solo es necesario seguir las normas comunes que, como en los Sanfermines, exigen a todos los locales públicos mantener abiertos sus aseos.

Imprescindible, se presenta, dotar de prestigio al Carnaval de Cádiz mediante acciones de marketing y publicidad que centren la fiesta en su verdadero sentido, y que desde luego no es solo la literatura y la riqueza musical, pero sí sobre todo. En este mismo sentido no parece conveniente invitar a llegar a un turismo internacional que no pueda comprender la fiesta por limitaciones lingüísticas (a su vez una oportunidad de negocio para la Universidad e instituciones privadas), puesto que causaría frustración y prestigio negativo.

Es en su variedad real donde el Carnaval puede diversificar sus oportunidades de negocio. Empezando por la finalización del proyecto de su museo, al que podría unirse un Aula de Carnaval. Un museo que debería alejarse de ser un simple escaparate de agrupaciones y tipos, como resulta el caso en Badajoz, y aspirar a ser un Museo en sentido estricto, aunque con una didáctica actual y transversalizadora. Un museo que no debería perder de vista la riqueza ibérica de Carnaval.

La artesanía del Carnaval, la verdadera desconocida todavía, pero que a su vez es rica en su variedad y rica en sus posibilidades de explotación. Incluyo aquí, también, todo lo referido al diseño, en especial al diseño gráfico. A tener en cuenta es el trabajo de diseño artístico, desde la sostenibilidad, que presenta la Agrupación Callejera. Así mismo, la industria editorial.

La organización de un Congreso interdisciplinar del Carnaval con proyección internacional, que descubriera todas sus riquezas y estudiara todas sus posibilidades. Una posible reorganización y quizá nueva concepción del hasta ahora conocido como COAC; una nueva perspectiva hacia los Romanceros, elemento cultural de inmensa importancia. Una intensificación en la conexión interatlántica y europea.

En el plano más local, referido a Cádiz, su provincia y la península, la segregación de los carnavales que integran el Carnaval podría dotar de una mejor explotación económica del hecho cultural que es el Carnaval.


Así mismo, una oficina de seguimiento que ofreciera apoyos de todo tipo a las posibilidades de explotación del Carnaval hacia otros tipos de artes escénicas, y el aprovechamiento de cuanto Cádiz posee: FIT, Alcances, y el respaldo insustituible de su Universidad.

Por último, la preservación del Carnaval de Cádiz gracias a su aceptación por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

©Pablo Martínez-Calleja, 2016